UNA APROXIMACIÓN A LA ESCUELA HOY
Elaborado por Jairo José Castañeda Gutiérrez
Correo Electrónico laluzdelposte@gmail.com
http://deahvengoyo.blogspot.com
Realmente, las cosas con las que nos encontramos en la escuela hoy, al regresar
del trabajo remoto, se vienen dando desde antes de la pandemia. Lo que ésta hizo
fue ahondarlas. En ese sentido, lo que nos corresponde es analizar profundamente
el momento en que nos encontramos y tomar partido como personas dentro de dichas
situaciones. Porque hay que establecer quienes éramos antes de la pandemia,
quienes fuimos dentro de ella, qué actitudes desarrollamos en y ante ella, qué
actividades realizamos en el marco de ella. Lo que nos convierte, de una u otra
forma, en agentes fundamentales de la problemática actual, de las situaciones
pertenecientes a esta coyuntura educativa, que involucra el conjunto de factores
y circunstancias que nos albergan en este momento determinado, en el marco de la
presencialidad.
Planteo esto porque en los diferentes estamentos de la comunidad
educativa, como un reflejo de lo que ocurre en la población en general, en el
desarrollo de las actividades académicas y convivenciales, parece que predomina
la intención de negar lo que sucedió en la pandemia, así como los efectos
positivos y negativos que quedaron de ella. Da la impresión de que no se piensa,
al menos, borrar una cuenta vieja, que implica el reconocimiento de que algo
pasó, y abrir una cuenta nueva, que significa el conocimiento y la valoración de
que se está en otro momento de la vida. Sino que se pasa por encima de casi dos
años de confinamiento, de miedos, de riesgos, de paranoia colectiva, de
experiencias nunca vividas, sin reflexionar profundamente sobre ellas y se llega
a este instante con la certeza de que todo es igual al año 2019.
Se ha regresado a la presencialidad, desde una supuesta normalidad que vendieron los medios de
comunicación, que sustentaron los gobiernos como el nuestro, afirmando que con
vacunarse era suficiente para volver a ser como antes. Retomando y reafirmando
la construcción cultural predominante en el imaginario colectivo, consistente en
tomar las medicinas sólo para curarse del mal que no deja funcionar bien el
organismo, en el momento en se es consciente de que se está enfermo o realizar
las actividades necesarias para darle solución inmediata a las dificultades que
se tienen, con el fin de continuar la vida como si lo sucedido, no hubiese sido
significativo para nuestra existencia. Cuando todo el mundo sabe que “la
normalidad” de hoy no es la misma “normalidad” de hace dos años atrás. Por lo
que, al estar en ese proceso de negación, al interior de la institución
educativa, nos toca estar recordando, la necesidad del uso de la mascarilla, el
lavado de manos, el mantenimiento de la distancia física adecuada, no sólo en el
salón de clases, sino también en los espacios abiertos.
Hay elementos propios de la formación cognoscitiva, valorativa y volitiva, que hacen parte del imaginario
colectivo, que intervienen en la comprensión y toma de decisiones de muchos
miembros de la comunidad educativa. Tales como aceptar la situación como se
presenta, porque su existencia es voluntad divina; pensar que es suficiente con
estar con vida, reduciendo la condición humana a la existencia biológica de
ella; actuar con la seguridad de que con lo que se piensa, se sabe, se cree y se
quiere, es suficiente para sentirse bien; considerar que es mejor esperar a que
otros den los pasos para cambiar lo que sucede, aunque esa actitud los afecte
negativamente; no reflexionar ni valorar los pasos que se dan o las actividades
que se realizan en la vida diaria; actuar con base en las conjeturas o las
primeras interpretaciones que se elaboran sobre lo que sucede; dejarse dominar
por el miedo que se siente ante la posibilidad de perder lo poco que la persona
conserva que, casi siempre, se reduce a su ser físico. Estos y otros componentes
ideológicos, en última instancia, constituyentes de la propuesta de vida
predominante hoy, tomados en forma literal, dogmática y/o poco reflexiva, se
convierten en obstáculos que no dejan comprender la verdadera dimensión de la
situación que estamos viviendo. He ahí la raíz de la negación de la que estamos
hablando.
Podemos afirmar que los efectos de la pandemia, no han culminado.
Están latentes. Hay países en el mundo que aún no la han superado, en los que el
número de contagios sigue siendo alto. En Colombia, según las estadísticas
diarias que presenta el ministerio de salud, se presentan casos y siguen
falleciendo personas diariamente, aunque en menor cantidad. Al punto que la
vacuna del COVID 19, va a ser incorporada al conjunto de vacunas que deben
colocarse los colombianos obligatoriamente, en algunos momentos de su vida. O
sea, que debemos aprender a vivir con el COVID 19, lo que significa que va a ser
una enfermedad más con la que debemos contar permanentemente.
Su gran desventaja es la forma peculiar de su contagio, que la hace imperceptible, menos notable
que la del resto de enfermedades con las que convivimos. El virus que la produce
se sostiene en el aire durante cierto tiempo, sobre todo espacios cerrados, se
adhiere a cualquier superficie, variando la duración de su presencia, de acuerdo
con las características del material en que se posa. Además, cualquier persona
puede ser su portador y no mostrar síntomas, de tal manera que podemos
interactuar con ellas creyendo que están sanas. O sea, nos ha limitado el trato
social como lo teníamos acostumbrado, sobre todo las manifestaciones efusivas de
afecto y cariño como expresión del amor que sentíamos por otras personas.
Debemos aceptarlo, el COVID 19 nos mostró muchas de nuestras debilidades,
cambiándonos la forma de vivir. Nos toca analizar profundamente la nueva
situación que estamos afrontando e interiorizar los cambios que sean necesarios
realizar para seguir existiendo. Aún en el marco de las limitaciones
cognoscitivas, valorativas y de la falta de voluntad que nos caracteriza para
tomar las nuevas decisiones, que nos hagan romper con la manera en que nos gusta
vivir, tenemos que reafirmarnos en que la vida es lo primero y que está por
encima de los placeres y las cosas agradables que consideremos más importantes
en y para nuestro existir. En síntesis, uno de los grandes aprendizajes que nos
propone el COVID 19, es la necesidad de ser conscientes de lo importante que es
la vida en el verdadero sentido que ella tiene.
La vida es el conjunto de decisiones que tomamos día a día. Las cuáles serán buenas de acuerdo con la
capacidad que tengamos para hacer de cada situación que enfrentemos una
oportunidad para desarrollarnos como personas, teniendo como condición
fundamental no sólo nuestro propio bienestar, sino el de la familia, las
amistades, los habitantes del barrio, la comunidad de la institución educativa
en que estudio, los miembros de los grupos sociales de los que hago parte y
todos los seres humanos. Actuar Desde Estos Principios Es El Futuro De La Humanidad